La montaña rusa emocional
Después de todo este pretender que no pasa nada, basta un mail para disolverme de nuevo en lágrimas. Verónica fue a Caracas y se cortó el pelo. Mientras recorro sus aventuras de las manos de sus palabras en el correo más largo que probablemente haya escrito nunca, voy deshilchándome hasta que de mí no queda sino una madeja emocional sin mucho sentido.
Llamarla no hace sino detonar la supernova emocional.
Y allá vamos de nuevo.
(Aunque a decir verdad, la montaña rusa esta vez comienza a parecer una espiral ascendente.)
