miércoles, junio 30, 2004

Llamada nocturna

Hoy, llamé (en italiano) a un montón de hostels (a las 11 de la noche) en Napoli (con el acento diferente) para reservarle un sitio a Verónica (que más bien quisiera que se viniera a vivir permanentemente conmigo).

Insisto. Tiene el poder mágico de hacer que las cosas sucedan.

Noche de sabado solitaria @ Milano

Hay un montón de ragazzi mexicanos sentados en el lobby de la residencia, prestos a saltar a un bar desconocido apenas se quiebre el frágil protocolo que los colocó allí en primer lugar.

Hablan mi mismo idioma. Estudian en la misma escuela. Y, sin embargo, somos completamente diferentes, no porque Milano ya no sea un destino vacacional sino mi hogar, sino por la certeza de que le pertenezco al mundo; no porque yo haya vivido una vida más interesante, sino porque estoy dispuesto a hacerlo.

Me gusto más conforme adquiero lugares por placer y no por simple destino.

lunes, junio 14, 2004

Al borde del resto de mi vida (2)

Si no me voy a Italia, no pasa nada, pero si me voy a Italia...

He descubierto que el vértigo es producto de ver con demasiada claridad un parteaguas en mi vida (de esos que tan frecuentemente se encuentran ocultos).

Y es que, como si se tratara de un Aleph borgiano, este parteaguas me revela al mismo tiempo todos los demás. ¿Que hubiera pasado sí? Y mientras me vence el sueño, las dimensiones paralelas se extienden infinitas.

Al borde del resto de mi vida (1)

Imaginate que caes en picada de una montaña rusa hacia una vida completamente diferente. No es tiempo de voltear hacia atrás. Sonríe. Van a tomarte la foto del futuro.

domingo, junio 13, 2004

Ultimo dia en el DF

Hoy es un buen día para despedirse.

La tarde es suave y cálida, el cielo deviene azul y amplio y la ciudad se ha vestido brevemente de claxons y banderas azul y oro (tras la victoria, en penalties, de los Pumas en la final del futbol mexicano).

Y, mientras tanto, soy presa de una extraña mezcla de gripe, nostalgia anticipada en honor de la vida que se me deshace ante los ojos y un deseo incontrolable de lanzarme de cabeza al futuro.

No es triste. Es más bien definitivamente sobrecogedor.