Soñando a vmar
Verónica está de rumba. No me cabe duda. Y yo aquí, sentado, escuchando mi disco de Alanis Morrisette nuevo quisiera gritar como cuando apagas el no break con el pie a punto de terminar el brillante capítulo de tu brillante novela que nada brillantemente no has guardado, o como cuando *tienes* que llegar *ya* a algún sitio y se cayó el segundo piso del Periferico, o como cuando es el fin del mundo y la ropa que dejaste en la secadora sigue húmeda.
Pero no. En cambio, espero dócilmente (en este estado semivoluntario de prisionero de un espacio-tiempo rígidamente líneal) a que en la pantalla del teléfono aparezca Unknown Number y por el auricular se filtre su voz armada de su acento sin eses ni jotas para contarme alguna aventura maravillosa y darme besitos.
¡Adivinó, querido expectador! ¡Así es! Me encuentro locamente enamorado.

