miércoles, mayo 19, 2004

Soñando a vmar

Verónica está de rumba. No me cabe duda. Y yo aquí, sentado, escuchando mi disco de Alanis Morrisette nuevo quisiera gritar como cuando apagas el no break con el pie a punto de terminar el brillante capítulo de tu brillante novela que nada brillantemente no has guardado, o como cuando *tienes* que llegar *ya* a algún sitio y se cayó el segundo piso del Periferico, o como cuando es el fin del mundo y la ropa que dejaste en la secadora sigue húmeda.

Pero no. En cambio, espero dócilmente (en este estado semivoluntario de prisionero de un espacio-tiempo rígidamente líneal) a que en la pantalla del teléfono aparezca Unknown Number y por el auricular se filtre su voz armada de su acento sin eses ni jotas para contarme alguna aventura maravillosa y darme besitos.

¡Adivinó, querido expectador! ¡Así es! Me encuentro locamente enamorado.

martes, mayo 18, 2004

Cristopher Lee, las revistas para mujeres y los saunas de madera

Me gustan los vampiros.

Realmente no sé por qué, pero me encantan. Cuando era chico, me robé no sé de donde una revista con un reportaje sobre Cristopher Lee. Tal vez la compró mi mamá en el supermercado o estaba por alguna razón desconocida en la casa, pero enfatizo que me la robé, porque la hice mía y, para demostrarlo, la coloqué entre los cómics pequeños de Editorial Novaro y el álbum de estampas de Batman. Allí estaba. Mi primera revista para mujeres, inexplicablemente perdida entre gente vestida en armaduras de titanio y adamantio o trajes de spandex de moléculas inestables.




Acabé por aprenderme todo su contenido, buscando entre sus páginas algo más acerca del Conde Drácula según Terence Fisher (o según quién fuera). La revista nunca me lo entregó, pero en cambio me enseñó la palabra chic. Justo al terminar el reportaje sobre Lee, había un anuncio de Cablevisión (que en esa época venía totalmente de Estados Unidos, pero sanitizado de comerciales) desmesurada y extrañamente presuntuoso en el que podía verse a un aristócrata hecho de lápices de colores y tinta justo encima del copy: “Cablevisión, para la gente chic”.

Y, por alguna razón, asocio todo esto con un sauna de madera.