(Hace cinco años llegué por primera vez a Milano y hoy, por primera vez, la dejo.)
Vives en Milano entre videoclips sobre blue screen que podrías tirar en automatico, un departamento como no puedes ni imaginarlo y un italiano aún parcial pero ya lleno de inflexiones, dobles sentidos y malas palabras (y como lo predijiste, te encanta el Parco Sempione, aunque rara vez lo visitas).
En cambio, Mariel vive en Nueva York con su esposo y Marcela vive en Madrid. No estás con ninguna de las dos (y de hecho no las ves desde hace más de 6 meses) pero a ambas, de algún modo, las traes tatuadas adentro.
El amor de verdad, sin embargo, lo tiene guardado una muchacha venezolana que te enloquece como no te ha enloquecido nadie nunca. Paradójicamente, sin embargo, nunca han realmente vivido juntos en la misma ciudad.
Eres cinco años más viejo. Y aunque deberías ser cinco años más listo, en realidad estás más inseguro sobre todo de lo que estabas en esa época. Extrañarás la determinación con la que solías vivir todo, guardando detrás de ella una esperanza de que, al final del día, en realidad si has aprendido algo. De que, cinco años después, el camino que seguiste, del todo imperfecto e impredecible, cinco años después, no está tan mal después de todo.

Milán es más frío de lo que recuerdas.
Y tu estás donde jamas te hubieras imaginado.
(Aunque en realidad eres todo lo feliz que se puede ser en este mundo de mierda)