sábado, diciembre 20, 2003

Seoul/Incheon, 19/12

En Corea manejan a la derecha y leen empezando por la izquierda, pero, inexplicáblemente, van por las escaleras a la izquierda. Así que si uno sube escaleras eléctricas en el aeropuerto viendo como la gente habla por el celular, o pensando en recepcionistas de hotel o en protagonistas de videohome puede ser mortal.

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Corea-Singapur. En el avión me mareo del carajo, no se sabe si debido a las turbulencias o a la intoxicación producida por la novela de Chuck Pallahniuk.

For the record, the weather today is uninspired, with traces of inmense boredom.

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Singapur, 19/12

A diferencia de Seoul, Singapur es cálido y luminoso. Ese pantano de plagas, piratas y proxenetas transformado (por obra y gracia de la guerra fría) en máquina de pinball gigantezca, completa con dictadura militar y televisión satelital.

El aeropuerto me recibe con imágenes: los inmigrantes indios que hacen la limpieza, la niña malasia de ojos negros y enormes, el occidental rubio con la playera de Kung Fu, la hermosa edecán a la sálida, la viejita china con el gaffette amarillo.

Y afuera, en la máquina de pinball gigantezca, siempre hay alguien que gana algo a costa de estas personas.

jueves, diciembre 18, 2003

Incheon/Seoul, Sudcorea - 18/12

13 horas y esta maldita gripa. Termino el libro sobre Afganistan, veo y repienso Matchstick Men, me acabo la bateria del ipod y todavia me da tiempo de enamorarme de la protagonista de una especie de videohome que dan en las pantallitas de bussiness (que en KAL se llama Morning Calm). Desde luego, en ese enamoramiento platonico sufrido despues de 9 horas de vuelo, su gesto fue fundamental: sutil y sexy, como una mezcla de tres shots de indignacion falsa y dos gotas de haber tenido una revelacion tremendamente importante. El unico problema es que no tengo tiempo de resolver si el gesto es un producto afortunado de la pesima actuacion que caracteriza a los videohomes en todos los paises o si, por el contrario, es una genuina maravilla de moda entre las (ciertamente lindas) chicas coreanas. Trato de adivinarlo en la recepcionista del hotel (de la que, desde luego, tambien me enamoro unas horas despues), pero tampoco lo consigo. Y asi, entre recepcionistas de hotel y estrellas de videohome logro por fin conciliar el sueño.

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Seoul es frio y luminoso, como una cruza entre un Patchinko Parlor japones y un refrigerador. Los puestos ambulantes de comida no son modestos aparadores/cocina de lamina, sino verdaderos restaurantes con paredes y techos de lona naranja y puertas de acrilico. Y pese a todo, la gente atesta las calles de noche: las calles de este Tokyo en miniatura.

Hay gasolineras LG, bancos Daewoo y aseguradoras Samsung.

Y yo irremediablemente, tengo que pensar en el norte.

martes, diciembre 16, 2003

Los Angeles, EU - 16/12

4 horas y dos usos horarios despues, inicia.

Los Angeles sigue siendo Los Angeles. En el aeropuerto, mi papa pelea con una agente de migracion que sospecha de mi visa y yo quiero esconderme en alguna parte. En erl fondo, el sueno americano convertido en un blanco, anglosajon y protestante oficial de migracion, trata a un grupo de ejecutivos coreanos que venian en el vuelo como el ejercito colonial de ocupacion trata a los iraquies.

Los Angeles sigue siendo Los Angeles. A lo lejos, desde la ventana helada del hotel pueden adivinarse Hollywood y Beverly Hills y los supermercados en huelga y los barrios y los ghettos y el parque con grafitti del que me hablo Laura.

Los Angeles sigue siendo Los Angeles. Lastima que en esta ocasion no tenga tiempo de verlo.

jueves, diciembre 11, 2003

Mil gracias Iosiv

Hoy tuve que escuchar en la radio a un emocionado reportero español dar todos los detalles sobre el sagrado enlace nupcial entre el excelentísimo principe de asturias felipe y doña leticia whatever.

Sí, una vez más: Mil gracias Iosiv.

Luchando

"¿Consideras que eres feliz?"
"No, gracias. Simplemente estoy luchando..."

Corazon

La cosa que traigo en el pecho a veces duele un chingo cuando hace frío, pero la verdad es que cada vez se parece menos a un corazón (y, con él, se fué también mi líbido).

(y lo más raro es que no tengo siquiera la fuerza para extrañarlos)